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El problema no es hacer un sitio web. Es olvidarse de él.

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Publicar un sitio web suele verse como el final de un proyecto. En realidad, es el comienzo. Cuando no existe mantención, empiezan a acumularse plugins desactualizados, incompatibilidades y vulnerabilidades que tarde o temprano terminan generando problemas

El problema no es hacer un sitio web. Es olvidarse de él.

Hay algo que pasa con mucha frecuencia cuando una empresa encarga el desarrollo de un sitio web.

Se invierte tiempo en definir cómo se va a ver, qué secciones va a tener, qué información debe aparecer, incluso qué animaciones o efectos debería incluir. Todo eso se conversa, se diseña, se aprueba. El sitio se desarrolla, se publica, y durante un tiempo todo funciona bien.

Y luego pasa algo curioso: el sitio web se vuelve invisible. No porque deje de existir, sino porque deja de ser parte de las conversaciones de la empresa.

Nadie vuelve a hablar de él. Y el problema empieza ahí.

Porque un sitio web no es un archivo que uno deja guardado en un computador. Es un sistema vivo. Y como cualquier sistema, necesita mantención. Especialmente cuando está construido sobre plataformas como WordPress, que funciona gracias a un ecosistema enorme de componentes: el propio core del sistema, plugins que agregan funcionalidades, temas que definen la apariencia, integraciones con servicios externos.

Cada uno de esos componentes evoluciona constantemente: Se corrigen errores, se cierran vulnerabilidades, se agregan nuevas versiones de compatibilidad. Cuando esas actualizaciones no se aplican, el sitio empieza a quedarse atrás.

Primero de forma invisible. Luego de forma problemática.

Empiezan a aparecer incompatibilidades entre plugins. Algunas funcionalidades dejan de comportarse como antes. El servidor cambia de versión de PHP y algo deja de funcionar.

Y en el peor de los casos aparecen vulnerabilidades de seguridad.

La empresa normalmente se entera de esto cuando algo ya se rompió. Un formulario que dejó de enviar correos, una página que carga mal, o directamente un sitio comprometido.

Lo curioso es que casi nunca esto se conversa cuando el sitio se está desarrollando.

Las conversaciones suelen concentrarse en el proyecto inicial.

Cuánto cuesta hacerlo.

Cuánto tiempo va a tomar.

Qué funcionalidades debe tener.

Pero rara vez aparece la pregunta que probablemente es más importante: ¿Qué pasa con este sitio dentro de seis meses?

Un sitio web no termina cuando se publica. En muchos sentidos, recién empieza ahí.

Porque desde ese momento entra en un ecosistema tecnológico que está cambiando todo el tiempo.

Versiones nuevas de software. Actualizaciones de seguridad. Cambios en navegadores. Cambios en servidores.

Ignorar eso es como comprar un auto y asumir que nunca va a necesitar revisión técnica, cambio de aceite o mantenimiento. Puede funcionar durante un tiempo. pero tarde o temprano el problema aparece. Por eso cuando hablamos de desarrollo web, en Slash solemos separar dos cosas que muchas veces se mezclan: el proyecto de desarrollo y la mantención del sistema.

El primero tiene un inicio y un cierre. El segundo es lo que permite que el sitio siga funcionando correctamente con el paso del tiempo.

No es lo mismo construir algo que cuidarlo mientras vive en un entorno que cambia.

Curiosamente, cuando esa mantención existe, casi nunca se nota. Todo sigue funcionando. Y el sitio simplemente sigue ahí, cumpliendo su función.

Que probablemente es exactamente lo que debería pasar.

En Slash desarrollamos sitios web, pero también ayudamos a que sigan funcionando correctamente con el paso del tiempo. La mantención técnica, las actualizaciones y la revisión periódica del sistema son parte de lo que permite que una plataforma siga siendo confiable meses y años después de haber sido publicada.